martes, 2 de abril de 2024

 SUCEDIÓ EN ALBACETE




ALBACETE EN EL SIGLO XIX

A comienzos del siglo XIX seguía siendo un pequeño pueblo de La Mancha con apenas unos quince mil habitantes. Además, seguía siendo una localidad poco salubre debido a la gran cantidad de aguas estancadas. Este hecho impulsó a las autoridades para desaguar las mismas a través de la construcción de un nuevo canal: el futuro canal de María Cristina.

 

La Guerra de Independencia española (1808-1812) tuvo una importante incidencia en la localidad. Entre otros hechos, el ejército napoleónico la saqueó en numerosas ocasiones.







 

La villa de Albacete pertenecía al reino de Murcia, aunque el 1822 pasó a integrarse en la efímera provincia de La Mancha Alta, con capital en Chinchilla.  En 1833 fue designada capital de una nueva provincia de la que Albacete sería su capital. Esta provincia se configuró a partir de territorios procedentes de las provincias de Cuenca, La Mancha y Murcia. Para prestar servicios a la nueva provincia, Albacete debería dotarse de nuevas instituciones: la diputación provincial, la audiencia territorial o un instituto de educación secundaria. Pocos años después, en 1855, el ferrocarril llegaría a Albacete, contribuyendo enormemente al desarrollo de la localidad, que en 1862 obtendría el rango de ciudad.





 

En 1888 se inauguró el alumbrado eléctrico, y se empezó a asistir a la incipiente instalación de las primeras fábricas y talleres. Estas instalaciones, junto con las consecuencias de la desamortización de Mendizábal, trajeron consigo una gran variación en la forma de la ciudad, al aprovechar diversos conventos para configurar plazas como la del Altozano, y modificar el urbanismo de la ciudad.




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